De los Estados de Melancolía, Autocomplacencia y Autocompasión.


La Psicología define y diferencia dos conceptos clave para entender la personalidad. El concepto de Estado y el concepto de Rasgo. Por estado se entiende aquel conjunto o repertorio de conductas, emociones y pensamientos que se retroalimentan y convergen en una misma dirección, pero que, a diferencia del rasgo no son consustanciales al individuo sino que son fruto de una reacción frente a una situación, y que permanecen por un espacio determinado de tiempo. El rasgo, al contrario del estado, es inherente a la personalidad del sujeto, estable y permanece en el tiempo indefinidamente.

Sin embargo, es frecuente observar como muchas personas ante ciertos estados- tales como los mencionados en el título de la presente nota-, aseveran que ellos son así. ¿a qué se debe este determinismo?. Fundamentalmente a que el individuo, necesita dotar de una explicación plausible a todos los fenómenos que suceden a su alrededor y especialmente a los que le atañen a él directamente, sobretodo los fenómemnos de contenido emocional, cognitivo y comportamental. De modo que aseverando "yo soy así" creen cerrar un largo y espinoso proceso de introspección y análisis que en muchas ocasiones se asocia con penuria, esfuerzo y dolor emocional.

La comodida se antoja pues, aquí la explicación de esta pequeña confusión y también la interiorización que el sujeto hace respecto a sus propios recursos y más concretamente de la falta de estos. Pero, ¿qué entendemos por un estado de autocomplacencia, autocompasion y melancolía?. Son tres estados diferentes y muy presentes en el repertorio emocional de las personas.

La autocomplacencia es la satisfacción por los propios actos y por la manera de ser, esto en sí mismo no tiene por qué ser intrínsecamente malo para el individuo, excepto si se aplica de forma sistemática e indiscrimanda, en tal caso estaríamos ante la pérdida de la objetividad y rayaríamos el narcisismo. Es propio de estos estados, el pensar que los demás no nos pueden ofrecer nada que ya no tengamos y que incorporar nuevas personas a nuestro entorno cercano solo puede acarrear dificultades y problemas. ¿ En qué me puede mejorar a mi esa persona?, ¿qué me puede aportar?, se entra en un circulo de costes-beneficios aplicados a las relaciones humanas.

La autocompasion por contra, es la lástima por uno mismo, el sujeto encuentra que es incapaz de cambiar su vida, su situación y bien se culpa a sí mismo o culpa a los demás acomodándose e instalándose en una penosa pero cómoda posición de víctima. Ambos estados, tienen un altísimo componente de aprendizaje basado en la inoperancia e incapacidad del individuo para cambiar o modificar su entorno y sus condiciones de vida, su origen está en la infancia y en los modelos de referencia interiorizados en esa etapa.

Por último, la melancolía, es la tristeza vaga, permanente y profunda que hace que el sujeto no disfrute de la vida, terminando por sentirse cómodo en esta situación, evitando cualquier intento de cambio. Para muchos, la melancolía no es un estado, sino un rasgo, dependerá de la estabilidad de los síntomas, y su mayor o menor cronicidad.
DE modo que, como podemos observar, las personas desarrollamos y desplegamos una serie de manifestacines conductuales , emocionales y cognitivas más o menos estables con la intención de hacer frente a las demandas y exigencias de nuestro entorno, siendo unas adaptativas y positivas para el individuo y otras por contra claramente desadaptativas y peyorativas para la salud emocional y psicológica de este.

Al fín y al cabo, y acercandonos al modelo psicoanalítico, se trata de mecanismos de defensa interiorizados y perfeccionados por el sujeto a lo largo del tiempo, cambiarlos pasa por su cuestionamiento y análisis y por el desarrollo e implementacón de nuevas respuestas mas adaptativas.

Ignacio González.
Psicólogo.
Coordinador Grupos de Trabajo.



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