sábado, 9 de agosto de 2014

CONFLICTOS DE LEALTADES EN MENORES CUYOS PADRES RECLAMAN SU CUSTODIA.

Si la ruptura de pareja llega, y ésta no supone el final del conflicto sino, más bien, un nuevo escenario en el que perpetuar la disputa, no es difícil que los hijos, acostumbrados al juego de las alianzas, se vean en la necesidad de asegurar el cariño de, al menos, uno de sus padres. La separación siempre es dolorosa y supone un claro riesgo de pérdidas afectivas. Los niños lo saben y, en ocasiones, reaccionan con un natural sentimiento de abandono respecto al progenitor que se va, aunque no puedan entender del todo sus motivos, y con un intenso apego emotivo hacia el progenitor que se queda, al que protegen y piden protección.

Conseguir el apoyo incondicional de los hijos puede convertirse en el objeto del conflicto y en el referente implícito de la pugna por el poder que mantiene la pareja. Los niños reciben presiones, habitualmente encubiertas, para acercarse a una y otra posición y, si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores; pero si lo hacen para buscar más protección, sentirán que traicionan a uno de los dos.

El conflicto de lealtades fue descrito inicialmente por    Borszomengy-Nagy (1973). como una dinámica familair en la que la lealtad hacia uno de los padres implica deslealtad hacia el otro. 

El resultado puede ser una "lealtad escindida" en al que el hijo tiene que asumir incondicionalmente su lealtad hacia uno de los progenitores en detrimento de la lealtad hacia el otro.

El "Síndrome de Medea", se trata de progenitores que dejan de percibir que los hijos tiene sus propias necesidades y comienzan a pensar que el niño es una prolongación de ellos mismos. Los pensamientos "me abandono" y "nos abandonó a mi y a mi hijo", se convierten en sinónimos y llega aun momento en el que el progenitor y el hijo parecen una una unidad funcionalmente indivisible ante el conflicto. Puede que el niño sea usado como agente de venganza o que la ira impulse a uno de los progenitores a robar o secuestrar al hijo (Bolaños, 2002).


El Síndrome de Alienación Parental propuesto por Richard A. Gardner (1985) describe una alteración que ocurre en algunas rupturas conyugales muy conflictivas, donde los hijos censuran, critican y rechazan a uno de sus progenitores de modo injustificado y/o exagerado. El concepto descrito por Gardner incluye el componente lavado de cerebro, que implica que un progenitor, sistemáticamente y conscientemente, programa a los hijos en la descalificación hacia el otro, además de incluir otros factores “subconscientes o inconscientes”, utilizados por el progenitor “alienante”. Por último, incluye factores del propio hijo, independientes de las contribuciones parentales, que juegan un rol importante en el desarrollo del síndrome. Poco o nada recoge sobre la participación del progenitor “alienado”.    El hijo está esencialmente preocupado por ver a un progenitor como totalemtne bueno y al otro como lo contrario. El “progenitor malo” es odiado y difamado verbalmente, mientras que el progenitor bueno” es amado e idealizado. Según Gardner, es el resultado de una combinación entre los adoctrinamientos de un progenitor “programador” y las propias contribuciones del niño para vilipendiar al progenitor “diana”. En los casos en que hay evidencia de abuso, maltrato o negligencia, la animadversión del niño está justificada y, por tanto, la explicación de su hostilidad mediante este síndrome no es aplicable. (Bolaños, 2002).

Otros conceptos que podrían apoyar la comprensión de este problema son "los mensajes doble-vinculantes, la triangulación o el cisma marital".



Fuente: Bolaños, I. El Síndrome de Alienación Parental. Descripción y Abordajes Psico-legales. Psicopatología Clínica, Legal y Forense, Vol. 2, Nº 3, 2002, pp. 25-45.



Fdo. Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Perito Judicial y forense.
grupopsico@cop.es
Valencia.

martes, 5 de agosto de 2014

CONSECUENCIAS PSICOLÓGICAS DE LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LOS HIJOS EN PROCESOS DE GUARDA Y CUSTODIAo

En situaciones de ruptura familiar altamente conflictiva los psicólogos debemos prestar especial atención a la presencia de conductas y actitudes parentales obstaculizadoras con fines instrumentales, es decir a aquellas situaciones de instrumentalización de denuncias de abuso sexual o malos tratos hacia el hijo por parte de uno de los progenitores hacia el otro (especialmente en el caso de litigio por la custodia de los menores y en ese contexto judicial). 

La instauración de "falsas memorias" puede ocasionar el mismo perjuicio en el niño que si la situación de victimización se hubiese producido realmente (Ruiz, 2004). Es desde esta óptica desde la que algunos autores están calificando la fenomenología S.A.P como una forma de maltrato infantil (Segura y colb., 2006; Tejedor, 2006).



Fdo. Ignacio González.
Psicólgo. Perito Judicial y Forense.
Colegiado en Valencia.
grupopsico@cop.es
696102043.

lunes, 4 de agosto de 2014

PRINCIPIOS RECTORES DE LAS PERICIALES PSICOLÓGICAS EN DERECHO DE FAMILIA.

En derecho de familia, como en cualquier otro orden jurisdiccional, la pericial psicológica deberá enfocarse en relación al objeto pericial. En cualquier caso, debemos partir de que el principio rector de la intervención pericial es "el mejor interés del menor", que en términos psicolegales se traduce en determinar que contexto parental puede contribuir a una mejor adaptación del hijo a la situación de separación familiar (ajuste post-divorcio) y por ende, a un normoadaptado proceso de desarrollo psicoevolutivo de éste.

Las áreas que deben de ser evaluadas para alcanzar dicho objetivo son las que siguen:

1º. Presencia de Psicopatología de incidencia en el ejercicio de la función parental. Desajustes reactivos a la conflictividad familiar. Vulnerabilidad previa que dificulte la adaptación al proceso de ruptura conyugal.

2º. Estructura psicosocial y apoyos (auxiliares de custodia).

3º. Habilidades, actitudes y estilo educativo parental: a) Hábitos referentes al cumplimiento de las necesidades básicas; b) facilitar el desarrollo emocional del niño; c) potenciar el desarrollo intelectual del menor; d) recursos educativos.

4º. Continuidad y adaptación del menor (preservación de las características del contexto socializador del hijo pre-ruptura).

5º. Actitud referente al contacto del hijo con el otro progenitor (Interferencias parentales).

6º. Preferencias motivadas de visitas y de custodia expresadas por los menores.


Fuente bibliográfica:  Muñoz, V. 2010. "El Síndorme de Alienación Parental (SAP) en Psicología Forense". Anuario de psicología jurídica, Vol. 20, 2010; págs. 5-14.


Fdo. Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. perito Judical y forense.
grupopsico@cop.es
Colegiado en Valencia.
696102043.