CONFLICTOS DE LEALTADES EN MENORES CUYOS PADRES RECLAMAN SU CUSTODIA.

Si la ruptura de pareja llega, y ésta no supone el final del conflicto sino, más bien, un nuevo escenario en el que perpetuar la disputa, no es difícil que los hijos, acostumbrados al juego de las alianzas, se vean en la necesidad de asegurar el cariño de, al menos, uno de sus padres. La separación siempre es dolorosa y supone un claro riesgo de pérdidas afectivas. Los niños lo saben y, en ocasiones, reaccionan con un natural sentimiento de abandono respecto al progenitor que se va, aunque no puedan entender del todo sus motivos, y con un intenso apego emotivo hacia el progenitor que se queda, al que protegen y piden protección.

Conseguir el apoyo incondicional de los hijos puede convertirse en el objeto del conflicto y en el referente implícito de la pugna por el poder que mantiene la pareja. Los niños reciben presiones, habitualmente encubiertas, para acercarse a una y otra posición y, si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores; pero si lo hacen para buscar más protección, sentirán que traicionan a uno de los dos.

El conflicto de lealtades fue descrito inicialmente por    Borszomengy-Nagy (1973). como una dinámica familair en la que la lealtad hacia uno de los padres implica deslealtad hacia el otro. 

El resultado puede ser una "lealtad escindida" en al que el hijo tiene que asumir incondicionalmente su lealtad hacia uno de los progenitores en detrimento de la lealtad hacia el otro.

El "Síndrome de Medea", se trata de progenitores que dejan de percibir que los hijos tiene sus propias necesidades y comienzan a pensar que el niño es una prolongación de ellos mismos. Los pensamientos "me abandono" y "nos abandonó a mi y a mi hijo", se convierten en sinónimos y llega aun momento en el que el progenitor y el hijo parecen una una unidad funcionalmente indivisible ante el conflicto. Puede que el niño sea usado como agente de venganza o que la ira impulse a uno de los progenitores a robar o secuestrar al hijo (Bolaños, 2002).


El Síndrome de Alienación Parental propuesto por Richard A. Gardner (1985) describe una alteración que ocurre en algunas rupturas conyugales muy conflictivas, donde los hijos censuran, critican y rechazan a uno de sus progenitores de modo injustificado y/o exagerado. El concepto descrito por Gardner incluye el componente lavado de cerebro, que implica que un progenitor, sistemáticamente y conscientemente, programa a los hijos en la descalificación hacia el otro, además de incluir otros factores “subconscientes o inconscientes”, utilizados por el progenitor “alienante”. Por último, incluye factores del propio hijo, independientes de las contribuciones parentales, que juegan un rol importante en el desarrollo del síndrome. Poco o nada recoge sobre la participación del progenitor “alienado”.    El hijo está esencialmente preocupado por ver a un progenitor como totalemtne bueno y al otro como lo contrario. El “progenitor malo” es odiado y difamado verbalmente, mientras que el progenitor bueno” es amado e idealizado. Según Gardner, es el resultado de una combinación entre los adoctrinamientos de un progenitor “programador” y las propias contribuciones del niño para vilipendiar al progenitor “diana”. En los casos en que hay evidencia de abuso, maltrato o negligencia, la animadversión del niño está justificada y, por tanto, la explicación de su hostilidad mediante este síndrome no es aplicable. (Bolaños, 2002).

Otros conceptos que podrían apoyar la comprensión de este problema son "los mensajes doble-vinculantes, la triangulación o el cisma marital".



Fuente: Bolaños, I. El Síndrome de Alienación Parental. Descripción y Abordajes Psico-legales. Psicopatología Clínica, Legal y Forense, Vol. 2, Nº 3, 2002, pp. 25-45.



Fdo. Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Perito Judicial y forense.
grupopsico@cop.es
Valencia.

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