martes, 30 de julio de 2013

ABUSO SEXUAL INFANTIL Y SUS CONSECUENCIAS.


Abuso sexual infantil: una revisión de los
síntomas asociados con el trastorno por
estrés postraumático.
 
Datos del autor y referencia bibliográfica:

Rev.: Informació Psicológica.nº 101 • gener-abril 2011 • pàgines 40-48. Elena Baixauli Gallego. Profesora Asociada del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos. Universidad de Valencia.


Definición de abuso sexual:
 
El National Center of Child Abuse & Neglect en 1978 (Browne & Finkelhor, 1986), propuso una innovadora definición sobre el abuso sexual infantil: existe abuso sexual infantil en los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona.

El abuso también puede ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando éste es significativamente mayor que el niño (la víctima) o cuando está (el agresor) en una posición de poder o control sobre otro menor (Baixauli, 1998).

Abuso sexual infantil y trastorno de estrés postraumático

Los efectos psicológicos asociados con antecedentes de abuso sexual infantil tienden a ser relativamente graves y de larga duración.

Para mayor claridad, se clasifican de la siguiente manera: 1. Los síntomas de estrés postraumático; 2. Efectos emocionales; 3. La auto-percepción; 4. Los efectos físicos; 5. Efectos sexuales; 6. Interpersonales  y el funcionamiento en relación; 7. Efectos sociales y del funcionamiento. 

1.    Los síntomas de estrés postraumático son los síntomas de reexperimentación intrusiva, la respuesta de embotamiento, hiperexcitación, sobresalto, trastornos del sueño, etc, así como las características y mecanismos disociativos, como la amnesia psicógena, fuga, desrealización y despersonalización.
 
2.    Los efectos emocionales incluyen depresión, ansiedad, y las condiciones tales como las tendencias suicidas, ataques de ansiedad y las fobias. Las emociones tales como tristeza, culpa, ira, miedo, sentimientos de desesperanza, la desesperación, el vacío, el desapego emocional, y la confusión también se han relacionado con el abuso sexual infantil.
 
3. Las auto-percepciones son predominantemente negativas e incluyen baja autoestima, vergüenza y culpa, así como las distorsiones cognitivas y una tendencia hacia el suicidio y la automutilación.
 
3.    Los efectos físicos, derivados de los daños directos e indirectos sufridos durante el abuso, incluyen los efectos fisiológicos y neurológicos. Una serie de lo que parecen ser las quejas de somatización también se han encontrado asociadas con una historia de abuso sexual infantil. Ambos tipos de estos efectos se han asociado con los trastornos que afectan el sistema inmune, nervioso central, endocrino, digestivo, reproductivo y respiratorio, así como otros sistemas. 

4.    Los efectos sexuales incluyen surgimiento sexual en la adolescencia y la adultez temprana, la confusión sobre la identidad sexual, orientación, y la sexualidad, así como las disfunciones sexuales que van desde la extrema aversión al sexo a la adicción sexual y compulsividad, la culpa y la vergüenza relacionadas con el sexo.
 
5.    Las relaciones interpersonales y el funcionamiento social incluyen un deterioro de la capacidad de confiar en otros, una tendencia a sentirse aislados y alejados de los demás, el deseo de anonimato, dificultad en la formación de vínculos sanos adultos y una tendencia a ser víctimas por segunda vez en las relaciones de poder del adulto (por ejemplo, miembros de la familia, su pareja, terapeutas, profesionales de la salud, el clero). 

6.    Los efectos sociales y problemas de funcionamiento pueden variar ampliamente, desde el aislamiento social y la constricción interpersonales, a la rebelión y el comportamiento antisocial y la interacción social compulsiva. Se incluyen en esta categoría los déficits cognitivos y discapacidades, una amplia gama de problemas de comportamiento, las adicciones y compulsiones de todo tipo, trastornos de la alimentación, la elección profesional y la actividad laboral. 

Los cuadros sintomáticos que emergen con más fuerza y coherencia incluyen aquellos asociados a conflictos emocionales y relacionales; hiperactivación autonómica (síntomas somáticos, afectivos, descontrol, la ansiedad crónica); recreación de la conducta temprana, a menudo relacionada con el trauma y la participación de los recuerdos no cognitivos (evitar por ejemplo la conducta sexual, las respuestas de sobresalto, fobias); los intentos de gestión de sobreexcitación o entumecimiento/desrealización (depresión, entumecimiento emocional o plano, la evitación de relaciones, la disfunción sexual, la amnesia psicógena, autolesiones, compulsiones y adicciones), y la disociación (separación, las distorsiones de la memoria y la cognición, flashbacks). Además de estos efectos secundarios y los síntomas, el incesto y otros abusos sexuales han sido específicamente identificados como factores de riesgo comunes en una variedad de diagnósticos psiquiátricos. Estos diagnósticos son: el trastorno límite de personalidad, los trastornos afectivos, trastornos de la alimentación de diversa gravedad en un subgrupo de pacientes maltratadas, trastornos disociativos, incluyendo el trastorno de identidad disociativo, trastorno de estrés postraumático y abuso de sustancias y otros trastornos adictivos (Alpert y colaboradores, 1998). 

Se han identificado cinco características consistentes clínicas de la reacción de estrés traumático: (a) constricción de funcionamiento de la personalidad, (b) reflejo de sobresalto exagerado y la irritabilidad, (c) la fijación sobre el trauma psíquico, (d) las experiencias atípicas del sueño, y (e) propensión a reacciones explosivas y agresivas.
 
La fase de respuesta implica la hiperactividad intrusiva, hiperactivación, las respuestas de sobresalto, explosivos arranques agresivos, recuerdos intrusivos (a menudo en forma de pesadillas y  flashbacks), y representaciones de situaciones que recuerdan el trauma.  

Muchos sobrevivientes del trauma describen los intentos activos para adormecer sus reacciones durante y después del trauma, un proceso que parece afectar a los procesos de su posterior recuperación y puede presagiar el desarrollo posterior del Trastorno por estrés Postraumático (Alpert y colaboradores, 1998). 

Las respuestas de cada individuo al trauma son muy diferentes. Algunos individuos parecen  que sean más resistentes, mientras que otros sufren las secuelas negativas del abuso durante años. 

Por último, también existe controversia en la literatura sobre lo que constituye un evento traumático. La lista de criterios diagnósticos se amplía a dos criterios para los trastornos postraumáticos. Los trastornos de tipo I pertenecen a la exposición a un acontecimiento traumático único, y los trastornos de tipo II pertenecen a las experiencias múltiples, con alto estrés, tales como el abuso sexual.  

En la actualidad, existe una escasez de medidas para los niños menores de 9 años. La etiología, la patogénesis y el curso del TEPT en los niños víctimas de abuso sexual sigue siendo poco clara. 

La respuesta individual subjetiva al trauma se refiere a las reacciones del individuo, que se producen en cinco ámbitos principales: emocional, cognitivo, de motivación, neurofisiológicos y adaptación. La persona traumatizada puede tener respuestas en uno o en todos de estos dominios continuamente, de forma esporádica, o de manera retardada durante toda la vida. 

La última dimensión en el modelo interactivo es la adaptación tras el traumatismo, que se refiere a la condición post-traumática de la persona en el período inmediatamente posterior y a largo plazo. Los tres tipos de adaptaciones son: aguda (patológica o no patológica), crónica (patológica o no patológica) y el impacto en el ciclo vital de desarrollo (aceleración o retroceso del desarrollo personal, patológico o no patológico).

Las reacciones de este tipo pueden ser de suficiente fuerza o duración para justificar un diagnóstico de Trastorno de estrés agudo, Trastorno de estrés postraumático, Trastornos disociativos o Trastorno de la personalidad (el más común el trastorno límite de personalidad). 

Las reacciones son especialmente propensas a ser graves o de larga duración cuando el agente estresante es de diseño humano y, por tanto intencional y no accidental (por ejemplo, asalto, tortura, violación, familia violencia) y, además, la probabilidad de desarrollar Trastorno de estrés postraumático puede aumentar a medida que se relacione la intensidad y la proximidad física con el aumento de estrés, una situación encontrada en todas las formas de violencia familiar.

Los cambios fisiológicos asociados con el Trastorno de estrés postraumático están íntimamente conectados a esta fenomenología psicológica. Los cambios incluyen alteraciones de la regulación de hormonas de estrés, hiperexcitación del sistema nervioso autónomo, los niveles crónicos de aumento de cortisol, y los cambios en el sistema nervioso central (SNC) de catecolaminas, la serotonina y los sistemas endógenos opioides.

La investigación sugiere que la traumatización puede conducir a alteraciones permanentes y mensurables en la neurofisiología y la neuroquímica del cerebro que con seguridad puede dar cuenta de la producción de hiperactivación crónica y síntomas intrusivos asociados con el Trastorno de estrés postraumático. 

 
Autor del blog: Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Psicoterapeuta y Perito Forense. Miembro del Turno de Oficio de Psicólogos Forenses del Colegio Oficial de Psicólogos. Especialista en Psicología Clínica y de la Salud.
696102043.
 

 

martes, 23 de julio de 2013

CONSULTA DE PSICOLOGÍA CLÍNICA y JUDICIAL-FORENSE. Ignacio González Sarrió.


 
Perito y Psicólogo: Ignacio González Sarrió.

Psicología Jurídica y forense.

- Informe pericial psicológico para casos de Guardia y Custodia de menores. Síndrome de Alienación Parental y otras patologías relacionales.
- Estudio de la personalidad criminal, perfilación criminal, perfil abusador y estudio del riesgo potencial de violencia y peligrosidad.
- Informe pericial psicológico en casos de violencia de género.
- Determinación de la Huella Psíquica.
- Imputabilidad e inimputabilidad.
- Análisis de la credibilidad de las declaraciones (testimonio).
- Adopciones, Tutelas y Cautelas.
- Licencia de Armas.

- Informe pericial psicológico en casos de Acoso Laboral (Mobbing), Enfermedades profesionales, Burn-out, acoso sexual, Incapacidad laboral por causa psíquica.
- Maltrato a menores y abuso sexual en la infancia.
- Falsas denuncias por abuso sexual.
- Informe pericial psicológico por acoso escolar.
- Incapacitaciones.
- Negligencias médicas y daño moral.
- Administración de pruebas periciales psicológicas validas y fiables para el ámbito forense.
- Otras peritaciones e informes. 

Psicología Clínica y Psicoterapia.

- Administración y evaluación de pruebas psicológicas en el ámbito clínico para el diagnóstico y tratamiento de psicopatologías (Síndromes clínicos y trastornos de la personalidad).
- Técnicas de Intervención Terapéutica: Desensibilización Sistemática, Inundación, Relajación, Sugestión, Reestructuración cognitiva, Inoculación del estrés, Mindfullness, Teoría de la mente, terapia breve centrada en la solución, Terapia racional emotiva, Terapia familiar sistémica, PNL.
- Especialista en Trastornos de Ansiedad, fobias, Trastorno de Estrés Postraumático y Agresividad.
- Evaluación de las Capacidades Intelectuales y Aptitudes Mentales Primarias en Menores.
- Terapia psicológica y psicopedagógica en retrasos madurativos y del aprendizaje.
 


Ignacio González Sarrió. Psicólogo. Miembro del Turno de Oficio de Peritos Forenses del Ilustre Colegio Oficial de Psicólogos de la CV. Máster en psicología clínica y Salud. Máster en Dirección y Gestión de RR.HH. Máster Oficial en Formación del Profesorado (CAP). Doctorando en Psicología “Síndrome de Alienación Parental”. Diploma de Estudios Avanzados (DEA). Psicólogo General Sanitario (Generalitat Valenciana).
NºCol.cv06179.
Coordinador Grupos de Trabajo en Psicología Jurídica.



696102043.
Valencia.

 

viernes, 19 de julio de 2013

LA MANIPULACIÓN DE LOS HIJOS EN LITIGIOS POR LA GUARDIA Y CUSTODIA.

Continuamente presenciamos, tanto en la práctica pericial como en los medios de comunicación, a padres y madres disputar encarnizadamente por la guardia y custodia de los hijos. Hasta cierto punto es comprensible, dado que una pareja que ha disuelto su relación, en raras ocasiones mantiene una buena comunicación, dando lugar a discrepancias en materias educativas y expectativas respecto a  los menores.
 
Por ello, se plantean cada vez más entre parejas separadas y divorciadas con hijos menores, los litigios por esta causa. El marco legal regulador de los regímenes de guardia y custodia es claro, no así los criterios que sustentan la idoneidad de los mismos (aspectos de naturaleza más psicológica y social que jurídica). Hasta hace poco, se consideraba indispensable que los padres mantuviesen una relación cordial, buena comunicación y plan educativo común, así como otras condiciones para que se pudiese plantear la posibilidad de una custodia compartida (basada en el principio de la co-parentalidad, es decir, en el ejercicio compartido y responsable de la educación y crianza de los hijos), pero las cosas están cambiando.
 
En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, no es necesario que los padres preserven una relación cordial y una comunicación fluida en relación a los intereses y necesidades de los menores, de hecho, se les pide a las progenitores que lleguen a un acuerdo entre ellos, esto es, que definan el tipo de relación que quieren establecer para con sus hijos, de no alcanzar dicho acuerdo, el juez (con el visto bueno del ministerio fiscal y tras evaluación psicosocial de las partes y los menores) determina sino existe impedimento alguno, la custodia compartida de facto.
 
Una de las principales áreas a evaluar por los peritos psicólogos en este momento procesal, (en el que se requiere de su intervención profesional especializada), es el estudio de las motivaciones e intereses reales que mueven a las partes a, bien solicitar la guardia y custodia de los menores, bien a negarse a cambiar la custodia monoparental o exclusiva a custodia compartida.
 
Toda actuación, tanto legal como pericial, en este contexto del derecho de familia, se rige y sustenta en un principio básico y fundamental: "el superior bienestar del menor", es decir, cualquier decisión debe tomarse teniendo en cuenta dicho principio y debiéndose supeditar los intereses legítimos de las partes a este principio. Así pues, si se observa o se detecta que uno de los progenitores actúa movido por intereses de tipo económico (cómo por ejemplo dejar de pagar la pensión de alimentos) o por otras motivaciones, cómo resarcirse de algún sentimiento de agravio comparativo en relación a una posible percepción de que sus derechos cómo padre/madre no se han visto reconocidos en igual medida que los del otro/a o, simplemente se detecta que la parte solicitante, (demandante de la modificación de medidas o de sistema de custodia original), actúa movido por un afán de poder o venganza, entonces se debe denegar la solicitud de la custodia compartida por intereses espurios.
 
En algunos casos, por ejemplo en personalidades de tipo narcisista manipulador, observamos que la parte demandante permanece anclada en el rencor y la necesidad de resarcirse de un agravio que atribuye a la ex-pareja. En estos casos, la parte demandante o actuante, obra con mala intención y sin pensar en las necesidades de los menores, tan solo busca arrebatárselos a la otra parte para hacerle daño, sin pensar en las consecuencias que dicha actuación tiene sobre los propios menores y su futuro desarrollo emocional.
 
Este tipo de personas, suelen caracterizarse por su alto nivel de conflictividad interpersonal (tanto laboral, familiar y social), superficialidad en las relaciones, suelen ser embaucadores y seductores, pero incapaces de profundizar en las relaciones, se sienten amenazados rápidamente (casi todo lo perciben como amenazante o potencialmente dañino), son herméticos y no les gusta abrirse a los demás, impidiendo que sus hijos y parejas tengan libertad de movimientos. Son expertos generadores de culpabilidad en los niños y las parejas, mantienen un control férreo de los niños y de sus parejas y son especialmente habilidosos para manipular e interpretar las cosas torcidamente. Su narcisismo elevado les lleva a creerse siempre en posesión de la verdad, considerando a los demás (y en especial a sus parejas y ex-parejas) como personas estúpidas o torpes, desprecian profundamente a las personas que les llevan la contraria o que simplemente piensan diferente a ellas/os, pudiendo actuar de forma fría y calculada (evitando mostrar sus verdaderas emociones) o de forma intimidatoria, dando lugar a una violencia psicológica muy notable.
 
Este perfil psicopático es bastante más frecuente de lo que se piensa, es cierto que dependerá del grado en el que se presenten estas características así cómo de la presencia de otras que puedan mitigarlas, pero desde luego es un perfil sobradamente confirmado.
 
La persona narcisista manipuladora no dudará en generar en los niños un conflicto de lealtades, conflicto artificialmente creado con la intención de destruir el ambiente familiar y generar el mayor daño posible a la otra parte, esto se debe a que su verdadera motivación es la venganza.
 
Son personas que tienden a cronificar las emociones, dado que la inflexibidad de su personalidad les impide evolucionar y adaptarse a los cambios, permaneciendo en una constante guerra, que tratan de naturalizar evitando mostrarse afectados y cargándose de razones que fortalezcan la creencia en los hijos de la injusticia a la que el otro progenitor les está sometiendo (victimismo).
 
Así pues los hijos, con el paso del tiempo, hacen suyos los argumentos de sus progenitores dando lugar a un fuerte conflicto de lealtades que el menor tratará de resolver aliniandose con el que considera más desfavorecido, solo y vulnerable.
 
Si el menor se encuentra en la adolescencia o pre-adolescencia, las características propias de su psicología (su forma de pensar y concebir las cosas), le llevarán a la polarización de ideas, y a la magnificación extrema de las emociones, por ello buscará la confirmación de sus ideas tratando de todas las formas de encontrar evidencias que reafirmen lo que cree y piensa, en caso contrario las fabricará (sesgos confirmatorios).
 
Este es solo uno de los muchos casos y formas de manipulación parental en situaciones de conflicto por la guardia y custodia de los hijos. Para más información y consulta pueden ponerse en contacto directo conmigo al teléfono 696102043 o por correo electrónico grupopsico@cop.es
 
Saludos cordiales,
 
Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Perito Judicial y forense. Miembro del Turno de Oficio del Ilustre colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valencia. Consulta propia en Valencia capital. Asesoramiento telefónico y vía mail. Peritajes de Parte.
Nº COL. cv06179.
Valencia.
696102043
grupopsico@cop.es