lunes, 27 de mayo de 2013

TEST DEL DIBUJO DE LA FAMILIA

TEST DEL DIBUJO DE LA FAMILIA

 Creado por Porot (1952). Técnica del dibujo libre. Prueba de personalidad que puede administrarse a los niños de cinco años hasta la adolescencia. Principios psicoanalíticos de la proyección. Posibilita la libre expresión de los sentimientos de los menores hacia sus familiares. Refleja, además, la situación en la que se colocan ellos mismos con su medio doméstico.
La ejecución del dibujo debe ser seguida por la realización de una breve entrevista. Después de elogiar al niño por lo que ha hecho, se le formulará una serie de preguntas sobre la familia imaginada y sus integrantes. Exploración de la afectividad infantil.
 Esta prueba evalúa clínicamente como el niño percibe subjetivamente las relaciones entre los miembros de la familia y como se incluye él en este sistema.
Permite investigar sobre aspectos de la comunicación del pequeño con otros miembros de la familia y de los miembros restantes entre sí.
Maurice Porot (1952) considera que decirle al niño que dibuje su familia, permite conocerla tal como él se la representa, lo cual es más importante que saber cómo es en la realidad.
Louis Corman (1961) considera que la proyección se da con mayor facilidad si la indicación es mas vaga como: “Dibuja una familia que tú imagines”. Esta consigna permite, según este autor, que las tendencias inconscientes se expresen con mayor facilidad.
En estudios más recientes, Korbman (1984) menciona que en la práctica clínica con niños pequeños, se encontró que la consigna más adecuada es “Dibuja tu familia”, lo que se fundamente en el supuesto de que el niño es un sujeto en formación en el que la represión es menor, no se defiende tanto como el adulto y, por lo tanto, se proyecta abiertamente. Plantea además que es importante la proyección total de la familia y decirle “Dibuja tu familia” se presta a que dibuje su ideal.
Bums y Kaufman (1972) presentan una versión modificada de la Prueba del Dibujo de la  familia: La Prueba Kinética del Dibujo de la Familia, para la cual proponen criterios de evaluación. 

FUNDAMENTOS DE LA PRUEBA DE DIBUJO DE LA FAMILIA.

Al interpretar un test de un niño hay que tomar en cuenta la etapa del desarrollo cronológico en la que éste se encuentra, así como la fase del desarrollo emocional, considerado desde la perspectiva psiconalítica.
En el dibujo de la familia se manifiesta con claridad la dinámica triangular en la que el niño se estructura como sujeto, por lo que la dinámica edípica adquiere gran importancia.
Tal como menciona Freud y otros autores, el niño se desarrolla a partir de una relación dual con la madre, en la que en las primeras etapas se establece una simbiosis materno – infantil, de modo que el niño es gratificado por la madre y, por lo tanto, constituye el primer objeto de identificación. Esta etapa constituye la etapa oral en cuanto al desarrollo de la líbido.
Al llegar a la etapa anal, el modo de satisfacción de la líbido se vincula con los esfínteres, el padre comienza cobrar mayor importancia y la relación del niño con ambos padres se da en un plano básicamente dual (ambos son importantes para su identificación).
En la etapa fálica el niño reconoce que existe un vínculo erótico entre el padre y al madre y es entonces cuando se establece una rivalidad con el padre, la cual debe resolverse según Freud, por el temor a la castración y la aceptación de la Ley Prohibida del Incesto.
Comienzan a cobrar importancia los conflictos de rivalidad fraterna. Al llegar la etapa de latencia, el niño debe tener cierta independencia emocional de los padres y buscar satisfacción fuera de la familia, lo que generalmente coincide con el ingreso del niño a la escuela y una mayor socialización. Estos aspectos del desarrollo del niño se manifiestan en su dibujo, por lo que no se puede esperar un mismo tipo de dibujos en un niño en la etapa fálica que en uno en la etapa de latencia.
Otro aspecto importante en la interpretación del test es considerar el enfoque estructural sobre la familia, planteado por Minuchin, que postula que ésta es una estructura que constituye un sistema abierto. Así, la familia funciona como una totalidad, donde la conducta de cada uno está relacionada y depende de los otros. El sistema familiar se diferencia y desempeña sus funciones a través de subsistemas donde cada individuo es un subsistema, además cada individuo pertenece a diferentes subsistemas en los que se incorpora a distintas relaciones complementarias. Para que el funcionamiento familiar sea adecuado los límites de los subsistemas deben ser claros. Los principales subsistemas de una familia son el conyugal, parental y fraterno.

APLICACIÓN DE LA PRUEBA.
Corman aplica la Prueba del Dibujo de la Familia de la siguiente manera:

 Se le da un lápiz y una hoja blanca al niño, no se le permite que utilice otros elementos, por ejemplo, una regla.
La indicación es: “Dibuja una Familia”, o bien, “imagina una familia que te inventes y dibújala”, si el niño no entiende se puede agregar: “Dibuja todo lo que quieras, las personas de una familia, y si quieres objetos o animales”.

Al terminar de hacer el dibujo, se le elogia y se le pide que lo explique. El autor recomienda que se le hagan una serie de preguntas como: ¿Dónde están?, ¿Qué hacen ahí?, ¿Cuál es el más bueno de todos en esta familia?, ¿por qué?, ¿Cuál es el más feliz? y ¿por qué?, ¿Cuál es el menos feliz? y ¿por qué?, ¿Tú en esta familia a quién prefieres?, suponiendo que fueras parte de esta familia ¿Quién serías tú?.
Lluis, Porot y Korbman consideran más adecuada la consigna: "Dibuja a tu familia?', ésta permite pedir al niño verbalizaciones a cerca de su dibujo tales como: Platícame de..., ¿Cómo es contigo?, ¿Cómo es cuando es bueno (a)?, ¿Cómo es cuando es malo (a)?

Korbman considera que dichas verbalizaciones proporcionan contenidos manifiestos del niño, que permiten cierto conocimiento a cerca de él. Son más útiles las verbalizaciones espontáneas, ya que representan asociaciones que pueden llevar más fácilmente al contenido latente y a los deseos del niño.
Todos los autores consideran necesario el interrogatorio o discurso espontáneo del niño para interpretar la prueba. Es importante conocer el contexto en el que se aplica la prueba, ya que cualquier dibujo del niño tiene un valor transferencial cuando se aplica en una situación clínica individual. Debe anotarse además el orden de aparición de los personajes, las tachaduras, las dudas al dibujar, así como los retrocesos (Esquivel, Heredia, Gómez-maqueo; 1994; pág. 192). 

INTERPRETACIÓN DE LA PRUEBA.
INTERPRETACIÓN DE LOUIS CORMAN.
Corman interpreta el dibujo de la familia en base a cuatro planos: Plano gráfico, plano de las estructuras formales, plano del contenido e interpretación psicoanalítica.

1. Plano gráfico.

Se relaciona con todo lo concerniente al trazo, como la fuerza o debilidad de la línea, amplitud, ritmo y sector de la página en que se dibuja.

Fuerza del Trazo
El trazo fuerte indica pasiones poderosas, audacia, violencia. Un trazo débil puede indicar delicadeza de sentimientos, timidez, inhibición de los instintos, incapacidad para afirmarse o sentimientos de fracaso.
Amplitud
Líneas trazadas con movimiento amplio indican, expansión vital y fácil extraversión de las tendencias. Trazos cortos pueden indicar una inhibición de la expansión vital y una fuerte tendencia a- replegarse en sí mismo.
Ritmo
Es frecuente que el niño tienda a repetir los trazos simétricos en todos los personajes. Esta tendencia rítmica puede convertirse en una estereotipia y significa que el niño ha perdido una parte de su espontaneidad y que vive apegado a las reglas. En ocasiones, puede indicar rasgos de carácter obsesivo.
Sector de la página
El sector de la página que se utiliza para dibujar está en relación con el símbolo del espacio.
El sector inferior corresponde frecuentemente a los instintos primordiales de conservación de la vida, Corman señala que puede asociarse con depresión y apatía. El sector superior se relaciona con expansión imaginativa, se le considera la región de los soñadores e idealistas. El sector izquierdo puede representar el pasado y puede ser elegido por sujetos con tendencias regresivas. El sector derecho puede corresponder a metas en relación con el futuro. Los sectores blancos pueden asociarse con inhibiciones

 2. Plano estructural

El plano formal considera la estructura de las figuras así como sus interacciones y el marco inmóvil o animado en que actúan. Las estructuras pueden dividirse en dos categorías: 

Tipo sensorial
Los niños que hacen dibujos de este tipo, por lo general trazan líneas curvas y expresan dinamismo de vida. A estos niños se les considera espontáneos y sensibles al ambiente.

 

Tipo racional:
Estos niños dibujan de manera más estereotipado y rítmica, de escaso movimiento y personajes aislados. Los trazos que predominan son líneas rectas y ángulos. A estos niños se les considera más inhibidos y guiados por las reglas

 

3. Plano del contenido o interpretación clínica.

Corman considera que la Prueba del Dibujo de la Familia es una tarea esencialmente activa. Nada se le impone al niño, excepto los límites que le traza la consigna.
Al crear el dibujo, el niño representa en él el mundo familiar a su modo, lo que da lugar a que las defensas operen de manera más activa, las situaciones de ansiedad se niegan con énfasis y las identificaciones se rigen por el principio del más fuerte. El hecho de actuar como creador, le permite al niño dominar la situación. En muchos casos, este dominio de la realidad conduce al niño a hacer deformaciones de la situación existente.
El dibujo debe interpretarse primero en un plano superficial, además debe compararse con la familia real. Es importante observar qué personaje se valora más en el dibujo, por que es a éste al que el niño le presta mayor atención, también es necesario considerar cual se devalúa o suprime. Si el niño en su dibujo suprime a algunos de sus hermanos, es posible que se deba a una rivalidad importante con dicho hermano. Esto pudiera ser el generador de trastornos graves de adaptación a la vida familiar, aunque también es posible que suprimir a dicho miembro corresponda al deseo pasajero de tener mayor atención del núcleo familiar y que la adaptación del niño siga siendo buena. A veces el personaje devaluado no se suprime sino que se dibuja más pequeño, se ubica muy lejos de los otros o no se le pone nombre cuando los demás sí lo tienen.
Si existe un conflicto manifiesto, esta prueba ilustra acerca de su origen y motivaciones.
Si un niño dibuja animales en vez de personas, puede simbolizar tendencias impulsivas inconscientes. Un animal doméstico puede simbolizar tendencias pasivas, mientras que el salvaje puede simbolizar agresivas.  

Debe tenerse cuidado al interpretar la familia que el niño dibuja cuando la consigna es “Dibuja tu familia”, sobre todo en niños pequeños que no poseen un superyó estructurado.

4. Interpretación Psicoanalítica

Corman plantea que en la mayoría de los dibujos que los niños hacen acerca de su familia, no representan a la familia real y objetiva, sino que se producen alteraciones más o menos importantes, a través de las cuales se manifiestan los sentimientos del sujeto.
En los casos en lo que la representación de la familia es objetiva, se puede decir que prevalece el principio de realidad. En el extremo opuesto, se dan casos en los que todo es subjetivo. Los miembros de la familia dibujada no representan a los de la familia con sus caracteres propios, sino que son vistos a través de las atracciones y repulsiones experimentadas por el sujeto, y por eso aparecen deformados. En este caso no tienen realidad objetiva y son únicamente producto de la proyección de las tendencias personales.
Corman sugiere que ante el dibujo de una familia habrá que preguntarse en qué nivel se sitúa la proyección. Las identificaciones serán entonces múltiples. Habrá, en primer lugar, una identificación de realidad si el sujeto se representó a sí mismo. En segundo lugar, la identificación del deseo o tendencia a través de la cual el sujeto se proyecta en el personaje o los personajes que satisfacen más la tendencia. En tercer lugar, existe una identificación defensiva, generalmente con el poderoso que simboliza al superyó.

Otro aspecto a investigar en el dibujo son los mecanismos de defensa que utiliza el niño frente a distintas fuentes de angustia, que se ven acentuadas por medio de: Valorización, desvalorización, relación a distancia y símbolos animales (Corman; 1967, pág. 53)

 

Valorización
El niño considera más importante a quien admira, envidia o teme y, también, con quien se identifica conscientemente o no, lo cual se manifiesta por la manera de dibujar a los personajes.
El personaje valorizado es dibujado en primer lugar, porque el niño piensa antes en él y le presta mayor atención. En la gran mayoría de los casos ocupa el primer lugar a la izquierda de la página, dado que el dibujo generalmente se construye de izquierda a derecha. Se destaca por tener un tamaño mayor al resto de los personajes, guardando las proporciones. Es ejecutado con mayor esmero, abundan cosas agregadas como adornos en la ropa, sombreros, etcétera. También puede destacarse por su ubicación junto a un poderoso, por ejemplo, un niño ubicado al lado de uno de los padres, el preferido o temido. Puede ocupar una posición central en donde la mirada de los otros converjan hacia él.
 
Desvalorización
Consiste en negar la realidad a la cual el sujeto no puede adaptarse, lo cual se manifiesta a través de la supresión de uno de los miembros de la familia o de alguna parte de ellos. Cuando la desvalorización de un personaje no se manifiesta por su ausencia, puede expresarse de mucha maneras. Puede suceder que el personaje desvalorizado aparezca representado con un dibujo más pequeño que los demás; colocado último, con frecuencia a la orilla de la página; colocados muy lejos de los otros o debajo; no tan bien dibujado como los demás o sin detalles importantes; sin nombre; muy rara vez se identifica con el sujeto que realiza el test.
 
Relación a distancia
 
La dificultad del sujeto para establecer buenas relaciones con ciertos miembros de la familia puede manifestarse en su dibujo por una efectiva separación: el que lo representa se encuentra lejos de otro-personaje o de todos los demás. También hay casos (en menor frecuencia) en que la separación esta indicada más claramente por medio de un trazo que divide las diferentes partes del dibujo.

 

Símbolos animales
El animal doméstico puede simbolizar el ocio o las tendencias orales pasivas. El animal salvaje simboliza tendencias agresivas del niño. Habrá que poner especial atención cuando el sujeto esta ausente del dibujo, por haberse proyectado totalmente en su animal de identificación. No es extraño que los animales representen, a hermanos o hermanas cuya importancia se quiere reducir.

 Puesto que la simbolización animal permite expresar más libremente sus tendencias, se deduce que en ciertos casos se obtendrá una proyección mejor indicándole que "Dibuje una familia de animales". Se hace principalmente en casos en que la inhibición frente al dibujo de la familia es muy intensa.

INTERPRETACIÓN DE JOSEP M. LLUIS FONT.

Este autor trata de dar una interpretación más sistemática del Dibujo de la Familia. Se basa en tres aspectos para de interpretación:

1. Características generales de los dibujos Tamaño
En relación con el tamaño, se clasifica a los dibujos en tres categorías: Grandes, normales y pequeños. Se considera que la relación entre tamaño y espacio disponible se proyecta la relación dinámica entre el niño y el ambiente, concretamente, entre el niño y las figuras parentales. Por lo tanto, los dibujos grandes corresponden a niños que responden de manera agresiva y expansiva ante las presiones del medio, por el contrario, los dibujos pequeños se asocian con sentimientos de inferioridad e inseguridad. Al considerar el nivel sociocultural, los dibujos grandes se dan más frecuentemente en niños de clase alta.
Emplazamiento
Se refiere al sector de la página en el que se sitúa el dibujo. Arriba representa el mundo de fantasías, ideas y tendencias espirituales; abajo significa lo concreto y sólido; y el centro representa la zona de los afectos y el corazón. Este autor plantea que la ubicación del dibujo en la parte central es lo normal.
Sombreado
Existen dos categorías, los que tienen sombreado débil y los que lo tienen en extensión notable y con intensidad, siendo en este último caso donde se interpreta. Considera que el sombreado es un signo de ansiedad más frecuente en primogénitos e hijos menores.
Borraduras
Se considera cualquier intento de borrar que haya dejado huella en el papel. Considera las borraduras como indicadoras de ansiedad y conflictos emocionales
Distancia entre los personajes
La distancia física entre los personajes representa la distancia emocional existente entre los mismos. La representación de los personajes en planos diferentes refleja, en algún grado, falta de comunicación, a no ser que los distintos planos se justifiquen por la presencia de un número elevado de personajes.

2. Valorización y desvalorización


Con respecto a este punto, Lluis concuerda con lo anteriormente planteado por Corman. 

3. Componentes jerárquicos

Se refieren al lugar que se adjudica a los diferentes subsistemas estructurales de la familia. Bloque Parental
Cuando este bloque no aparece, el sujeto percibe vínculos efectivos fuertes de alguno de los padres hacia alguno de los hermanos, proyecta su visión de algunos favoritismos o una situación de rivalidad entre los hermanos por el afecto de los padres.
No dibujar a los padres juntos, intercalar a alguien entre ellos (hermano o a sí mismo) siempre que los padres no estén desvalorizados. Indica que el sujeto considera privilegiado al personaje que se encuentra en medio o la expresión de un deseó de sobreprotección o dependencia.
Jerarquía de hermanos
Es frecuente que se altere la jerarquía de los hermanos en el dibujo, por lo cual se considera de importancia cuando va acompañada de otros indicios como borraduras, tamaño, sombreado, supresión de algunos elementos o algunos otros semejantes.
Jerarquía familiar:
El orden jerárquico normal consiste en dibujar primero al padre, luego a la madre, y a continuación a los hermanos, por orden de mayor a menor. Este orden se altera cuando aparece clara desvalorización de alguno de los miembros de la familia.


CONSIDERACIONES SOBRE LA INTERPRETACIÓN CLÍNICA

El Dibujo de La Familia es una prueba proyectiva y como tal, debe interpretarse con base en la historia del sujeto y en relación con otras técnicas, como la entrevista y otras pruebas psicológicas. La entrevista debe incluir a los padres, puesto que el niño es un sujeto en formación y mucho de lo que le pasa es un reflejo de lo que les sucede a los padres. 

Esta prueba permite apreciar cómo se siente el niño dentro de su ambiente familiar, la relación que mantiene son sus padres y hermanos, vinculado muchas veces con una conducta patológica constituida en el síntoma y formular una hipótesis sobre la personalidad del sujeto estudiado, que debe corroborarse posteriormente a través de un interrogatorio más amplio y con referencia continua a la entrevista e historia personal, La prueba del dibujo de la familia es útil para planear una intervención y/o para evaluar cambios en el tratamiento.  

Es importante considerar en la interpretación la edad del niño, su etapa del desarrollo y cuáles son las circunstancias por las que atraviesa el sujeto.

fdo. Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Psicoterapeuta y Perito forense.
grupopsico@cop.es
696102043.
 

martes, 14 de mayo de 2013

CONFLICTOS DE LEALTADES EN LOS HIJOS DE PADRES SEPARADOS.

Cuando se produce la ruptura conyugal o de pareja y ésta no supone el final del conflicto sino, más bien, un nuevo escenario en el que perpetuar la disputa, no es difícil que los hijos acostumbrados al juego de alianzas, se vean en la necesidad de asegurar el cariño de, al menos, uno de los padres. La separación es siempre dolorosa y supone un claro riesgo de pérdidas afectivas. Los niños lo saben y, en ocasiones, reaccionan con un natural sentimiento de abandono respecto al progenitor que se va, aunque no pueden entender del todo sus motivos, y con un intenso sentimiento de apego emotivo hacia el progenitor que se queda, al que protegen y piden protección (Bolaños, 1994; 1995b; 1998d).
Conseguir el apoyo incondicional de los hijos puede convertirse en el objeto del conflicto y en el referente implícito de la pugna por el poder que mantiene la pareja. Los niños reciben presiones, habitualmente encubiertas, para acercarse a una y otra posición y, si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores; pero si lo hacen para buscar más protección, sentirán que traicionan a uno de los dos.
El conflicto de lealtades fue descrito inicialmente por Borszomengy-Nagy (1973) como una dinámica familiar en la que la lealtad hacia uno de los padres implica deslealtad hacia el otro. El resultado puede ser una “lealtad escindida” en la que el hijo “tiene que asumir incondicionalmente su lealtad hacia uno de los progenitores en detrimento del otro”.
Otros conceptos que podrían apoyar la comprensión de este problema son los mensajes doblevinculantes, la triangulación o el cisma marital.
El doble vínculo fue expuesto por Bateson, Jackson, Haley y Weakland en 1956 para entender la estructuración de los mensajes en las familias de esquizofrénicos. Este término tiene componentes que, salvando las distancias, pueden aplicarse a determinadas situaciones relativas a las rupturas conflictivas. El mensaje verbal explícito “tienes que ver a papá” se contradice con otro, implícito, de “no lo veas”. Para el niño está en juego el miedo a la pérdida del afecto.
La triangulación, definida por Bowen (1998), describe cómo, siempre que existe un conflicto entre dos personas, éste puede ser obviado o enmascarado al generarse un conflicto entre uno de los dos y un tercero. Cuando aparece el rechazo parece que el conflicto entre los padres queda en segundo plano, aunque en realidad lo utilizarán para seguir acusándose mutuamente. Linares (1996) se refiere a la triangulación manipulatoria en él, el niño recibe mensajes contradictorios que le generan desconcierto y angustia básica.
El cisma marital fue propuesto por Lidz y colaboradores en los años 60 como el efecto a largo plazo de una escalada asimétrica. Cada uno de los miembros de la pareja se dedica a desprestigiar al otro delante de los hijos, creándose dos bandos familiares enfrentados en los que los niños participan activamente.
En sus resultados sobre los efectos del divorcio en los hijos, Wallerstein (1989) describe cómo muchos niños consideran la ruptura como una riña entre dos bandos, donde el más poderoso es el que gana el derecho a permanecer en el hogar. En distintos momentos apoyan a uno o a otro. Aunque los padres traten de que los hijos no tomen partido, éstos sienten que deben hacerlo. Pero cuando lo hacen para sentirse más protegidos, también experimentan desazón porque están traicionando a uno de los dos. Si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores. Es un dilema sin solución. En el extremo, esas situaciones pueden convertirse en lo que esta autora denomina metafóricamente “síndrome de Medea”. Se trata de padres que dejan de percibir que los hijos tienen sus propias necesidades, y comienzan a pensar que el niño es una prolongación de ellos mismos. Los pensamientos –me abandonó- y –nos abandonó a mí y a mi hijo-, se convierten en sinónimos y llega un momento en que el padre o la madre y el hijo parecen una unidad funcionalmente indivisible ante el conflicto. Puede que el niño sea usado como agente de venganza o que la ira impulse a uno de los padres a –robar o secuestrar-el hijo.
Johnston y Campbell (1988) utilizan el término “alienamiento” para referirse a las fuertes preferencias hacia uno de los progenitores que inevitablemente alejan a los hijos del otro. Esta estrecha relación no necesariamente es el producto de actitudes manipulativas sino de la capacidad empática del progenitor “alienante”. Por el contrario, Garrity y Baris (1994) caracterizan a este padre/madre como falto de empatía, inflexible y con escaso conocimiento de los efectos de su actitud sobre los hijos. En cambio Lampel (1996) encontró niveles similares de rigidez, defensividad y represión emocional en ambos padres, planteando que los hijos tienden a alinearse con aquel al que sienten más abierto, capaz y solucionador de problemas.
Buchanan y col. (1991) describen el proceso a través del cual los hijos se encuentran atrapados entre los padres. En su estudio con adolescentes encuentran que los altos niveles de conflicto y hostilidad entre los padres, así como una baja autoestima cooperativa predicen este estado en los hijos. El intenso conflicto interparental altera la interacción familiar de manera que los hijos se ven atraídos al interior, al mismo tiempo que se sienten temerosos por los efectos que una estrecha relación con uno de los padres puede provocar en el otro.
Distintos autores difieren sobre las edades en que los hijos son más proclives a los conflictos de lealtades. Johnston y Campbell (1998)  plantean que son más comunes entre los 6 y los 8 años, disminuyendo entre los 9 y los 11, momento en que los niños tienen una mayor capacidad para formar alianzas con uno y otro progenitor. Buchanan y col. (1991) identifican la adolescencia como el momento más propicio para que los hijos se sientan atrapados en el conflicto de sus padres. Waldron y Joanis (1996) señalan que los niños entre 8 y 15 años son los más vulnerables, y Wallerstein (1989) entre los 9 y 14.
En cuanto a las diferencias de género, parece haber coincidencia en que los niños tienen más probabilidad que las niñas de verse implicados en conflictos de lealtades (Johnston y Campbell, 1988), aunque se ha matizado (Buchanan y col., 1991) que, en general, los niños que viven con el progenitor de sexo opuesto son los más predispuestos (habitualmente los varones) debido al equilibrio entre la fidelidad al progenitor del mismo sexo (habitualmente el padre) y al cuidador habitual (habitualmente la madre).
Así pues, los sentimientos naturales del niño, unidos a la doble presión afectiva que recibe, pueden llevarse a mostrar un claro rechazo hacia uno de los padres, habitualmente el que se fue o, más exactamente, el que ha ejercido su presión con menor eficacia, al mismo tiempo que parece proteger al otro. Con su postura garantiza su afecto mediante un proceso de “identificación defensiva” (Chethik y col., 1986) y, al mismo tiempo, expresa su protesta ante una realidad que no puede aceptar.
Ref. Bolaños C., Ignacio. Estudio descriptivo del Síndrome de Alienación Parental en procesos de Separación y Divorcio. Diseño y aplicación de un programa piloto de Mediación Familiar. Tesis doctoral. Departamento de psicología de L´Educació. Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona, 2000.
 
Fdo. Ignacio González Sarrió.
Psicólogo. Psicoterapeuta y Perito Forense del Turno de Oficio del COP Valencia.
696102043.